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domingo, 7 de junio de 2009
¿FELIZ DÍA DEL PERIODISTA?
Hoy es el día del periodista en la República Argentina
Para los que no son de estos lares o lo son pero no saben: el Día del Periodista fue establecido en 1938 por el primer Congreso Nacional de Periodistas celebrado en la ciudad de Córdoba y en recuerdo del primer medio de prensa de la etapa independentista argentina, que fue La Gazeta de Buenos Ayres (fundado por Mariano Moreno el 7 de junio 1810).
En ese entonces, la Primera Junta indicó por decreto su creación porque se necesitaba contar con un medio para anunciar al público los actos oficiales y las noticias locales y del exterior. La Gazeta... fue un medio para un fin, y bordeando la hipócrita crítica de quienes, parados en el siglo XXI, lo excluyen de ser periodismo por su rol de órgano de gobierno, debo decir que para los primeros argentinos significó mucho más que una simple tribuna.
Salteando la clase de Historia, esta mañana, trabajo mediante, me propuse ver qué habían dicho nuestros medios sobre "nuestro día" y sinceramente no encontré mucho más que la reseña histórica que expongo en este artículo. Poca crítica, poca discusión expresada en papel o páginas web o radio o televisión... Pocas ideas y sobre todo muy poco preguntarse para qué fin somos medio.
Sinceramente saludé a mis colegas, agradecí los saludos, me sentí periodista, me sentí perteneciente a esta especie de logia. Pero, me quedé también con una mueca, con un dejo de nada, y finalmente me asustó que no me llamara la atención que ningún medio de los grandes -de esos de tirada nacional y largos años de historia a cuestas- expusiera mucho más que una reseña histórica, debatiera, hablara de los que nos pasa a los periodistas, de los problemas que tenemos en el ejercicio de este oficio y a nivel laboral.
Nos sobran los motivos
Después de mucho "webear", caí en el diario El Norte con sede en la ciudad de Resistencia en la Provincia del Chaco; y sus periodistas -porque dudo que sean los dueños del medio los que tuvieron la idea- proponían no festejar este día y en vez de la explicación de todos los años sobre Moreno y el bla bla bla, lograron publicar el comunicado del Sindicato de Prensa del Chaco, que dice así:
Un día del periodista, sin derechos
(Domingo, 07 de Junio de 2009 - Publicado en la Edición Impresa)El Sindicato de Prensa del Chaco, ante el 7 de junio emitió un documento en el que resalta que “hoy, es otro Día del Periodista sin derechos para los trabajadores de prensa. Es otro año en el que la situación de explotación en los medios de comunicación sigue sin modificarse.Qué no se ha dicho y escrito sobre lo que les pasa a los periodistas: trabajo en negro, salarios de hambre, condiciones de trabajo paupérrimas, evasión de aportes de ley (jubilación y obra social), amenaza de despidos y condicionamiento al trabajo profesional que golpea directamente a la libertad de expresión y al derecho social de la información. La gran mayoría de las empresas periodísticas siguen al margen de la ley, por supuesto con honrosas excepciones, y seguirá si el Estado, a través de todos sus poderes incluidos algunos municipios muy importantes, no toma la decisión de modificar una situación totalmente irregular. Encima, estas mismas empresas son aceptadas como proveedores del Estado para percibir jugosas pautas de publicidad. También esto está al margen de la ley, ya que los medios de comunicación están impedidos de recibir publicidad paga de parte del Estado si no cumplen con el marco legal de prensa: las Leyes 12.908 --Estatuto del Periodista Profesional, 12.921-- Estatuto del Empleado Administrativo de Empresas Periodísticas, las provinciales 6082, 5.238 y 5.239 y los convenios colectivos de trabajo 173/75 y 189/75. Hoy la comunidad conoce hasta el hartazgo el diagnóstico de los que nos pasa y quiénes son los responsables. Pero lo que desalienta es que mientras los trabajadores de prensa padecen esta situación, desde el mismo Estado hipócritamente se insiste en agasajar a los periodistas como el caso de los tres poderes del Estado, la municipalidad de Resistencia, la Justicia, la Policía del Chaco, organismos oficiales a lo que se suman algunas empresas. Si de esta manera se ocupan de nuestro tema ya prevemos cómo será el próximo 7 de junio. Y como si algo faltara, está además la total impunidad judicial a seis meses del intento de asesinato perpetrado contra el periodista Fabricio Glibota, en plena peatonal de Resistencia, ante la mirada de decenas de personas, en un área que se supone ampliamente vigilada por la policía y a la luz del día. Los trabajadores de prensa esperan que las autoridades que tengan incumbencia y, fundamentalmente, las empresas periodísticas --principales culpables de la situación de explotación laboral-- asuman la responsabilidad social que les cabe. Que definitivamente destierren una práctica que sólo responde a intereses de lucro propio: no beneficia a los trabajadores ni a la sociedad chaqueña, que necesita del compromiso de todos para construir un Chaco con justicia social, igualdad, respeto por la diversidad, sin exclusiones de ninguna naturaleza. Ese día los trabajadores de prensa podremos recuperar los motivos para celebrar”.
De valentía y dignidad
Sinceramente luego de leer esa solicitada no me quedó más que esbozar una sonrisa y un aplauso a la valentía y la lucha de estos colegas chaqueños -notese que fue publicada en la edición impresa del diario-. ¿Qué pasaría si se decidiera hacer los mismo en los medios de tirada nacional? ¿Saldría? ¿Porque no salió nada similar en alguno de ellos?
Los mismos problemas laborales que tiene la prensa chaqueña están hechos carne en la de todo el país y hasta en un mundo donde los diarios se horrorizan y llenan páginas y páginas sobre los terribles despidos y los paros que, crisis económica internacional mediante, hay en las más variadas actividades, pero no publican ni una sóla línea sobre los problemas laborales propios ni cubren las huelgas que realizan los trabajadores de otros medios.
Tenemos una profesión donde las empresas para las que trabajamos criminalizan y reprenden, más que en ninguna otra, la sindicalización. Donde el miedo, los despidos, los salarios de hambre y el trabajo en negro están al corriente. Tenemos también "el oficio más lindo del mundo" y somos un medio para un fin. Nos queda debatir, decidir para cuál y luchar para que no se pierda...
Para los que no son de estos lares o lo son pero no saben: el Día del Periodista fue establecido en 1938 por el primer Congreso Nacional de Periodistas celebrado en la ciudad de Córdoba y en recuerdo del primer medio de prensa de la etapa independentista argentina, que fue La Gazeta de Buenos Ayres (fundado por Mariano Moreno el 7 de junio 1810).
En ese entonces, la Primera Junta indicó por decreto su creación porque se necesitaba contar con un medio para anunciar al público los actos oficiales y las noticias locales y del exterior. La Gazeta... fue un medio para un fin, y bordeando la hipócrita crítica de quienes, parados en el siglo XXI, lo excluyen de ser periodismo por su rol de órgano de gobierno, debo decir que para los primeros argentinos significó mucho más que una simple tribuna.
Salteando la clase de Historia, esta mañana, trabajo mediante, me propuse ver qué habían dicho nuestros medios sobre "nuestro día" y sinceramente no encontré mucho más que la reseña histórica que expongo en este artículo. Poca crítica, poca discusión expresada en papel o páginas web o radio o televisión... Pocas ideas y sobre todo muy poco preguntarse para qué fin somos medio.
Sinceramente saludé a mis colegas, agradecí los saludos, me sentí periodista, me sentí perteneciente a esta especie de logia. Pero, me quedé también con una mueca, con un dejo de nada, y finalmente me asustó que no me llamara la atención que ningún medio de los grandes -de esos de tirada nacional y largos años de historia a cuestas- expusiera mucho más que una reseña histórica, debatiera, hablara de los que nos pasa a los periodistas, de los problemas que tenemos en el ejercicio de este oficio y a nivel laboral.
Nos sobran los motivos
Después de mucho "webear", caí en el diario El Norte con sede en la ciudad de Resistencia en la Provincia del Chaco; y sus periodistas -porque dudo que sean los dueños del medio los que tuvieron la idea- proponían no festejar este día y en vez de la explicación de todos los años sobre Moreno y el bla bla bla, lograron publicar el comunicado del Sindicato de Prensa del Chaco, que dice así:
Un día del periodista, sin derechos
(Domingo, 07 de Junio de 2009 - Publicado en la Edición Impresa)El Sindicato de Prensa del Chaco, ante el 7 de junio emitió un documento en el que resalta que “hoy, es otro Día del Periodista sin derechos para los trabajadores de prensa. Es otro año en el que la situación de explotación en los medios de comunicación sigue sin modificarse.Qué no se ha dicho y escrito sobre lo que les pasa a los periodistas: trabajo en negro, salarios de hambre, condiciones de trabajo paupérrimas, evasión de aportes de ley (jubilación y obra social), amenaza de despidos y condicionamiento al trabajo profesional que golpea directamente a la libertad de expresión y al derecho social de la información. La gran mayoría de las empresas periodísticas siguen al margen de la ley, por supuesto con honrosas excepciones, y seguirá si el Estado, a través de todos sus poderes incluidos algunos municipios muy importantes, no toma la decisión de modificar una situación totalmente irregular. Encima, estas mismas empresas son aceptadas como proveedores del Estado para percibir jugosas pautas de publicidad. También esto está al margen de la ley, ya que los medios de comunicación están impedidos de recibir publicidad paga de parte del Estado si no cumplen con el marco legal de prensa: las Leyes 12.908 --Estatuto del Periodista Profesional, 12.921-- Estatuto del Empleado Administrativo de Empresas Periodísticas, las provinciales 6082, 5.238 y 5.239 y los convenios colectivos de trabajo 173/75 y 189/75. Hoy la comunidad conoce hasta el hartazgo el diagnóstico de los que nos pasa y quiénes son los responsables. Pero lo que desalienta es que mientras los trabajadores de prensa padecen esta situación, desde el mismo Estado hipócritamente se insiste en agasajar a los periodistas como el caso de los tres poderes del Estado, la municipalidad de Resistencia, la Justicia, la Policía del Chaco, organismos oficiales a lo que se suman algunas empresas. Si de esta manera se ocupan de nuestro tema ya prevemos cómo será el próximo 7 de junio. Y como si algo faltara, está además la total impunidad judicial a seis meses del intento de asesinato perpetrado contra el periodista Fabricio Glibota, en plena peatonal de Resistencia, ante la mirada de decenas de personas, en un área que se supone ampliamente vigilada por la policía y a la luz del día. Los trabajadores de prensa esperan que las autoridades que tengan incumbencia y, fundamentalmente, las empresas periodísticas --principales culpables de la situación de explotación laboral-- asuman la responsabilidad social que les cabe. Que definitivamente destierren una práctica que sólo responde a intereses de lucro propio: no beneficia a los trabajadores ni a la sociedad chaqueña, que necesita del compromiso de todos para construir un Chaco con justicia social, igualdad, respeto por la diversidad, sin exclusiones de ninguna naturaleza. Ese día los trabajadores de prensa podremos recuperar los motivos para celebrar”.
De valentía y dignidad
Sinceramente luego de leer esa solicitada no me quedó más que esbozar una sonrisa y un aplauso a la valentía y la lucha de estos colegas chaqueños -notese que fue publicada en la edición impresa del diario-. ¿Qué pasaría si se decidiera hacer los mismo en los medios de tirada nacional? ¿Saldría? ¿Porque no salió nada similar en alguno de ellos?
Los mismos problemas laborales que tiene la prensa chaqueña están hechos carne en la de todo el país y hasta en un mundo donde los diarios se horrorizan y llenan páginas y páginas sobre los terribles despidos y los paros que, crisis económica internacional mediante, hay en las más variadas actividades, pero no publican ni una sóla línea sobre los problemas laborales propios ni cubren las huelgas que realizan los trabajadores de otros medios.
Tenemos una profesión donde las empresas para las que trabajamos criminalizan y reprenden, más que en ninguna otra, la sindicalización. Donde el miedo, los despidos, los salarios de hambre y el trabajo en negro están al corriente. Tenemos también "el oficio más lindo del mundo" y somos un medio para un fin. Nos queda debatir, decidir para cuál y luchar para que no se pierda...
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viernes, 24 de abril de 2009
PERIODISMO DE IZQUIERDA. Para aprender a diferenciar y quitarle el estigma de “prensa partidaria”
“Una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa”
Es sabido que la prensa en América Latina tiene una fuerte tradición de “tribuna partidaria”. Una prensa partidaria que no le fue ajena a ninguna fracción del espectro político desde lo que se denomina como “de derecha” hasta lo que llamamos como “de izquierda”.
Ahora bien, si todo medio tiene derecho a tener una línea editorial propia y ya en otro artículo dije que en periodismo ser independiente no implica asepsia ideológica sino simplemente no acatar órdenes de grupos económicos, políticos, sociales y/o culturales para “bajar línea”. Y además, aclaré que (mal que nos pese) comprobar que un medio juega para un grupo es extremadamente difícil. ¿Por qué ésta estigmatización hacia los medios que se admiten públicamente como “de izquierda”?
En la actualidad los medios que se denominan “de izquierda” y además agregan a su características el que son “profesionales” o “independientes”, por lo general suelen ser acusados de “operar para” y de ser “prensa de” con mayor facilismo que los que no -aún cuando hayan surgido ligados a tradiciones o figuras con ideologías políticas bien marcadas-.
En lo que refiere a la relación entre izquierda y prensa conviene aprender a diferenciar y no meter todo en una misma bolsa. Por eso, hice una aproximación teórica -y como tal discutible- en la que diferencié tres modalidades de esa relación.
Por un lado están las que sin duda son dependientes de un grupo político y a las que denomino como prensa partidaria de combate y diario oficial de régimen de partido único; y por otro está la tercera categoría a la que llamo: periodismo profesional de izquierda. A continuación paso a detallarlas.
Son “órganos de prensa”
El modelo de la prensa partidaria de combate se basa en las teorizaciones que Vladimir Illich Lenin realizó en lo que era la coyuntura de la Rusia zarista a comienzos del siglo XX. En ella el periodismo tiene como rol ser, nada más y nada menos que un ”órgano de prensa”.
Por lo general, en el transcurso del siglo pasado y hasta la actualidad esta caracterización se ha sostenido en líneas generales en las fracciones de izquierda, y quizá lo que haya sido modificado con el tiempo son los objetivos estratégicos de las fuerzas de izquierda y su consecuente impacto en su órganos de comunicación.
El papel de los periódicos para Lenin eran tres: ser agitadores colectivos, ser propagandistas colectivos y ser organizadores colectivos. De ese modo, el papel de la prensa partidaria de combate conlleva tres niveles. En primer lugar, la agitación que consiste en dar “pocas ideas para muchos”, es decir, exponer reivindicaciones coyunturales sentidas para el conjunto del pueblo. El segundo nivel es el de la propaganda, que significa dar “muchas ideas para pocos” y consiste en un cuerpo de argumentaciones sólidas donde se describen situaciones problemáticas de la realidad nacional e internacional y las vías para resolverlas de forma tal que sean útiles para los intereses revolucionarios. Este último accionar está fundamentalmente dirigido a los otros destacamentos y a los grupos más concientes e influyentes de los sectores populares.
Según mi interpretación, la seducción juega un papel preponderante tanto en la agitación como en la propaganda, pero con dos perfiles bien diferenciados. En el primer caso se apela al efectismo y predomina una comunicación vertical y en el segundo se utiliza la seducción en tanto convencimiento, con un predominio de la comunicación horizontal, ya que no se debe olvidar que en ese nivel siempre conviven estrategias similares de otros grupos.
Finalmente y en un tercer nivel está el papel de organizador colectivo, fundamentalmente dirigido al interior del partido, y en el que se da una síntesis de la comunicación vertical con la horizontal; ya que si bien existe la vulgarmente llamada “bajada de línea” y su consecuente disciplina por parte de las bases, esa disciplina nunca es completamente obsecuente sino que por el contrario demanda de manera constante que la élite (dirección del partido) se subordine a los principios fundacionales.
Como una herencia de lo anterior, el transcurso del siglo XX ofreció también otra expresión de la relación entre prensa e izquierda; me refiero en este caso a los diarios de los regímenes del socialismo real y al caso de la revolución cubana. A esta modalidad la nombro como diario oficial de régimen de partido único y su primera característica (valga la redundancia) es ser el órgano oficial del partido único de gobierno.
Por lo general, este órgano de comunicación suele ser el único diario legal y por ende el único de cobertura nacional. También suele tener un directorio que responde directamente al politburó (o mesa ejecutiva del partido).
A grandes rasgos, y como ejemplo contemporáneo, en las ediciones del diario Granma (de Cuba) se presta especial atención al plano internacional, donde se expresan las alianzas y discrepancias en ese terreno; mientras que en el ámbito interno se ocupa de informar de los temas de la agenda de gobierno.
Además de la función informativa a Granma se le atribuye la función de formar, es decir, reafirmar la doctrina política del Partido Comunista de Cuba (PCC). Por ejemplo, es común encontrar un espacio en el que Fidel Castro expone sus ideas sobre diferentes temas, tanto nacionales como internacionales.
¿Por qué asusta el periodismo de izquierda?
Si comparamos las dos caracterizaciones anteriores con lo que se da en nuestras sociedades actuales a ambas orillas del Río de la Plata, no podemos decir que haya un sólo medio masivo que haga eco de ellas. A lo sumo habrá algún que otro periódico pequeño u algún órgano de prensa de algún partido de izquierda que enuncie sus ideas en un siempre escaso tiraje.
Además, nuestros medios se han profesionalizado y el abanico se ha abierto a una pluralidad de visiones. El concepto de independencia periodística aliado a los de libertad de prensa y libertad de expresión y en conjunto con el rigor periodístico y el compromiso para con el público son claves en la profesionalización del periodismo. Es, en suma, un periodismo que escapa a la tradición de la “prensa de partidos” y asume otros compromisos.
Esa evolución también se ha dado en el periodismo “de izquierda” cuyas características van en concordancia con esos criterios, con el agregado de definir su mirada desde un punto de vista filosófico-ideológico.
El periodismo profesional de izquierda, al igual que cualquier otro medio, en una (mala)práctica periodística y sin exponer argumentos claros que guíen su análisis (o su forma de producir la noticia) puede llegar a ser oficiosos o a sesgar a favor o en contra de ciertas corrientes partidarias.
Así, la diferencia en tanto rigor y criterios periodísticos será esencial en lo que hace a la calidad del producto periodístico y en la demostración del respeto por el público que profesan y, al igual que en los demás medios, eso estará relacionado directamente con la credibilidad que logren obtener.
Los criterios con los que juzgamos deberían se únicos; entonces la pregunta final al hablar de periodismo profesional de izquierda debería ser: ¿Les están castigando su honestidad al definir una mirada?
sábado, 11 de abril de 2009
NECROLATRÍA. Una mortalidad inmortal imposible sin los medios
“Murió Raúl Alfonsín”
La nota estaba hecha pero no había sido publicada. Era la primicia anunciada de todos los medios que esperó, horas, minutos, segundos para salir. ¿Quién la daría primero?
A los pocos minutos del deceso del ex presidente eso ya no importaba y su cara de viejo, de joven, de niño; y su voz como presidente o como miembro de la UCR retumbaban por las “cajas bobas” y las antenas de todo el país y también del mundo.
Salían a hablar su médico, su hijo y hasta su portero–amigo con el cuál había comido un asado en un barrio pobre. La figura de Alfonsín se agrandaba mientras las cámaras lo mostraban blanquecino, tieso y reducido en su féretro.
Al otro día en el Congreso caras conocidas, desconocidas y hasta ¿odiadas? besaban, tocaban y observaban sus restos.
Y mientras la imagen de su cuerpo se convertía en la pesadilla –tras largas horas de trabajo- que camarógrafos, fotógrafos y periodistas tuvieron al irse a dormir; su imagen dura llegaba en vivo y en directo y toda la República Argentina estaba pendiente de él como cuando asumió.
Ahora lo miraban en una muerte televisada, que lejos de no ser importante como suceso, estuvo casi casi bigbrotherizada.
La agenda periodística se paralizó entorno a una noticia: no hubo paro docente, dengue, ni política… Las necrologías de los periódicos lo resaltaron y su sepelio cayó un histórico feriado, pero murió Raúl Alfonsín y ninguna otra cosa importaba.
Para los medios se erigió como LA NOTICIA y a LA NOTICIA hay que explotarla, repetirla hasta que aburra. Esto señores es un negocio, y por ahora la gente no apagó la televisión ni la radio –aunque si hizo zapping entre los canales de noticias y corrió el dial para ver que decían sobre eso en la emisora de al lado- ni tampoco dejó de comprar el diario, sino al parecer todo lo contrario.
Como espectadores, ¿necesitabamos tantas visiones? ¿tantas horas de esa muerte? ¿Tanta muerte para alimentar nuestra necesidad de morbo?
De la necrofilia a la necrofagia
“La cosa está muy quieta. ¡Por favor que haya un accidente!”, dijo -irónicamente y con las manos en rezo- un editor. “Accidente en la Panamericana, dos muertos” fue la respuesta. Dios se ponía del lado del periodismo, el diablo también.
El cadáver tapado con diario y la mancha de sangre estaban ahí, al igual que los micrófonos y las cámaras arremolinadas ante el testigo y luego ante la policía buscando una fuente. Si hubiera habido “más suerte”, se habrían dispuesto en corro ante el herido agonizante que en sus 15 minutos de fama como una diva preguntaría: ¿Y esto para dónde es?
Hay muertes individuales y colectivas; famosas y serenas; históricas; violentas; premeditadas y decididas; y como ocurre en tantas otras coberturas, sus Quién, Cuántos, Cómo, Dónde y Por Qué pueden hacer a LA NOTICIA.
La primera pregunta cuando refiere a muertos es quién (es o lo mató), si no se puede responder o no es conocido se pasa a la segunda: cuántos, si eso aún no convence se requiere por el cómo, el dónde y el por qué, y si entonces la respuesta no es satisfactoria: no es noticia, es un muerto más. Así que alégrese cadáver si salió en el noticiero central -y si es que puede- porque usted o, mejor dicho su muerte, es importante para el medio y entonces para la gente.
Así, la posibilidad de ser inmediato en la comunicación de trágicos accidentes automovilísticos –con hierros retorcidos y todo- llena la pantalla, aunque sin duda no son tan atractivos como un crimen sin resolver o los pormenores de una tragedia pasional.
En las muertes de las guerras o por epidemias en países más o menso remotos y también en aquellos más o menos cercanos, el número se desdibuja y un muerto… mil muertos ya no parecen tanto, sobre todo si son del “tercer mundo”.
Extrañamente en una prensa que se alimenta gustosamente de muertos y se alegra de que haya vivos pues éstos pueden morir, los suicidios no se cubren, ya que hay una creencia de que difundirlos provoca que se multipliquen. Eso sí, si el occiso es famoso o se mató de alguna forma extraña no dejará de salir.
El morbo multiplicado
Los medios muestran la realidad, participan en ella y la vuelven a crear casi escupiéndola hacia el espectador. El suceso es uno solo pero la muerte se multiplica en imágenes, en voces, en artículos llenando el espacio mediático y del público.
“Hacer una fotografía de una figura pública sin que se lo muestre asediado por los micrófonos, grabadores o periodistas de los demás medios, es imposible y hay que sacarlo así porque los medios hoy en día son parte de esa realidad”, explicaba lúcidamente un fotógrafo del diario Clarín en un programa de C5N que retrató la cobertura de la muerte de Alfonsín. Y esa cuestión se extiende a todos los sucesos que el periodismo considera noticia, sean o no públicas las personas que estén involucradas.
Una suma de factores provoca una realidad mediatizada donde la muerte es un fetiche y, en la que, cuanto más cercano a la sociedad es el deceso más impacta. El comportamiento es terriblemente humano. Y como humano, frente a este tipo de coberturas se cometen ¿humanos? errores.
Errores explicados y argumentados por la vorágine informativa, por nervios y hasta por indiferencia por algo ante lo que está anestesiado y ya se le volvió “trabajo y cosa de todos los días”. Entonces el/la periodista, con su micrófono o grabador en mano, mira al familiar o al amigo de la víctima y dispara la que considero la pregunta más torpe del periodismo: ¿Cómo se siente?
La muerte exotizada, nos erotiza, nos anestesia y se nos vuelve algo común. La muerte nos ocupa –nos llena- pero casi que ni nos preocupa. El hombre es “un bicho de costumbres”, el periodismo también.
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sábado, 7 de marzo de 2009
ESPEJISMOS. Los roles de espejo, creador y actor político en los medios periodísticos de comunicación masiva
¿‘Quieren queso les dan hueso’?
Desde los comienzos del periodismo los hechos criminales y de violencia tienen un espacio permanente en la agenda mediática por lo que leer, escuchar o ver noticias policiales no debería llamarnos la atención ni mucho menos ser motivo de alarma. Sin embargo, en las últimas semanas las fuertes declaraciones de Susana Giménez tras el asesinato de uno de sus asistentes y la proliferación de grupos uruguayos que en Facebook se proclaman en contra de lo que consideran una falta de ética de su crónica roja actual (sobre todo la televisiva)*, me ha hecho pensar al respecto.
En los grupos de la famosa red social se critica la falta de respeto, decoro y ética con la que esos hechos son mostrados (casi de forma “hollywoodense”) y nos son pocas las voces que acusan a los medios de instalar la llamada “sensación de inseguridad” en la sociedad.
Los uruguayos, con quienes otrora diputábamos desde la nacionalidad de Gardel hasta la creación del dulce de leche, no dudan en sus comentarios en regalarnos a los argentinos el honor de ser inventores de una crónica roja perversa de la cuál sus medios periodísticos se hacen eco en un intento por vender más. Al parecer un virus conocido como el “modelo periodístico de Crónica TV” sería el culpable de este mal que aqueja al periodismo en Uruguay.
De este lado del charco, los dolidos y poco meditados dichos de la blonda diva televisiva desataron un debate sobre la pena de muerte que obvió aclarar que de instalarse la República Argentina violaría compromisos internacionales contraídos respecto a los Derechos Humanos (como el Pacto de San José de Costa Rica). Al parecer el “no me vengan con eso de los Derechos Humanos” de una Su que habla “por el pueblo”, es también el fuerte grito de nuestros medios.
Tan cierto como los repudiables episodios de crimen y violencia es que el morbo vende. El cómo son tratados por los medios periodísticos (y por las figuras mediáticas más relevantes) es un tema que creo debe ocuparnos seriamente y ser rigurosamente estudiados por psicólogos, comunicadores y sociólogos.
¿El público pide morbo y los medios responden en consecuencia o los medios son capaces de instalar el morbo como una necesidad? La pregunta se muerde la cola y no se si estoy en condiciones de responderla pero se vuelve disparadora de algunas cuestiones un poco más teóricas que atañen a todas las coberturas periodísticas ya sean políticas, económicas, sociales o culturales.
El ‘ni fú ni fá’ y el reflejo de un cristal
En suma, como siempre, el abanico se me abre a más preguntas. Es que entre el simple rol de espejo y el papel de hacedor (o instalador) de las noticias hay una ‘delgada línea roja’. ¿Los medios reflejan o crean la realidad? ¿Cuál es el papel de los medios periodísticos en los debates sociales? ¿Cuál debería ser?
En el juego periodístico esa línea se cruza una y otra vez, y en las coberturas a veces la realidad obliga; otras se exotiza el tema o se toma partido por una simple y legítima perspectiva empresarial de venta –que puede instalarse hasta como política editorial-, y casi siempre hay algo de las dos cosas.
La labor del periodista entra en juego en ese ‘ni fú ni fá’ y se vuelve responsable de ser defensor del derecho a la información lo más cercana a la realidad (constatable por hechos, declaraciones, documentos e imágenes) que tiene la gente, a la vez que debe ser fiel a la línea editora de la empresa para la que trabaja y cuyo objetivo es casi siempre, y de alguna u otra forma, diferenciarse de los demás medios y ganar público. El reflejo depende del cristal y su destello puede obnubilar.
Es una difícil tarea ya que nadie le dice al periodista qué es lo importante para la gente, ni sobre lo que quiere informarse; simplemente en un principio elige un hecho de entre todos los que ocurren basándose en su intuición –cuestión en la que cada vez influye más el inmediato feedback que facilita la Internet-, lo escribe y se lo sirve al público en bandeja (a veces totalmente deglutido). Si el tema tiene pique masivo (lo que se refleja en las ventas, rating o en las visitas que tiene una página) éste se pone en la mira de la política empresarial del medio.
En la dinámica de hacer foco en un suceso, muchísimos temas son descartados, por lo que los medios masivos y sus representantes tienen una gran responsabilidad al ser creadores e instaladores de una agenda que se basa en la realidad. Según el académico uruguayo Alvaro Gascué es necesario ver a los medios periodísticos “como actores políticos que toman partido en los debates que se dan en la sociedad”. Así, en la tarea periodística se muestra, interpreta y opina, y si bien ello puede traer aparejado hechos políticos y sociales concretos (por ejemplo que se sancione una ley o que haya una manifestación), los periodistas no deberían perseguir ese objetivo.
Los gobiernos y los partidos políticos frecuentemente acusan al periodismo, lo tildan de dependiente y de perseguir intencionalidad política al desnudar sus flaquezas, y pueden tener razón; los medios atribuyen al poder político de intentar coartar su libertad y de totalitarismo, y también puede tener razón. Pero, la treta mediática de las lesiones a la libertad de prensa y la apocalíptica teoría de la aguja hipodérmica son tan vetustas y peligrosas como el concepto de objetividad periodística. Los ciudadanos no somos robots programables mediante palabras de alcance masivo y en democracia los medios hacen eco de una pluralidad importante de voces.
De hecho, considero que bastaría con que se regulara y evitara la creación de monopolios para lograr escapar a un discurso mediático único que, al igual que las conductas totalitarias de un gobierno, lesionan a la democracia. A su vez, también creo que si en una sociedad la gente debe recurrir a los medios para que el Estado los escuche o actué, significa que sus engranajes no están funcionando adecuadamente o al menos les falta aceite. Es un juego en el que todos somos responsables y tenemos voz y voto, pero en el que -al funcionar representativamente- los cambios son lentos ya que la cúpula política de turno (gobierno y oposición) y los dueños, gerentes, directores y editores de los medios masivos (que juegan un rol mixto periodístico y empresarial) tienen una decisiva responsabilidad.
*Para profundizar sobre ambas cuestiones el material está en los enlaces y videoenlaces de este blog.
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viernes, 20 de febrero de 2009
SIN AIRE. Los casos de Nelson Castro y Liliana López Foresi y la utopía de las dos torres
La noticia periodística del mes
Terminaba enero y al regreso de sus vacaciones Nelson Castro confirmó lo que sabía era una noticia cantada: su programa Puntos de Vista no estaría más en el aire de Radio Del Plata (AM 1030). La noticia del despido/desvinculación del afamado periodista y su equipo y de los roces con los nuevos dueños de la emisora (cuyas acciones mayoritarias son del grupo cordobés Electroingeniería, propiedad de los empresarios Osvaldo Acosta y Gerardo Ferreira que están estrechamente ligados al kirchnerismo) era un rumor a voces desde mediados de enero del que dieron cuenta muchos de los medios periodísticos más importantes, en tirada y audiencia, de la República Argentina.
Tras “separar los caminos” y acordar una justa compensación económica por la rescisión unilateral (por parte de la radio) de un contrato de dos años que finalizaba en 2010, Castro volvió al ruedo periodístico. Desde sus columnas (en los diarios Perfil y La Nación) y ocupando más de 10 minutos a la finalización de su programa televisivo El juego limpio en el canal de cable Todo Noticias (TN del Grupo Clarín) se ocupó de dar explicaciones a su público y hacer su descargo contra la emisora que ni siquiera lo dejó despedirse.
Según el periodista, que es uno de los más críticos del kirchnerismo, los motivos del descontento de la emisora fueron dos coberturas específicas realizadas en la primera quincena de enero. En la primera se hizo referencia a un presunto sobreprecio en una obra pública de tendido eléctrico en la que estaba involucrada la empresa Electroingeniería; y la segunda cuestión habrían sido las críticas coberturas que Castro realiza sobre el kirchnerismo, especialmente la realizada sobre la situación de la salud de la presidente Cristina Fernández tras su descompensación en el mes de enero por la que debió postergar su viaje a Cuba*.
De forma explícita en su racconto de lo sucedido -que también tuvo lugar en el programa Hora Clave (Canal 26, de cable) del periodista Mariano Grondona-, Castro expuso que detrás de toda la escena estaba el plan del “matrimonio presidencial” (como denomina a la presidente y a Néstor Kirchner) de dejarlo fuera del aire, situación que fue facilitada por el hecho de que la empresa dueña de la emisora les era funcional. Las bases de esta denuncia de censura refieren a que en diciembre de 2008, mes en el que es común que las grillas de las radios y canales estén abiertas a los pases de programas, desde Puntos de Vista se intentó dejar en claro las patas de lo que sería su trabajo periodístico profesional en 2009 para evitar futuros choques con los nuevos jerarcas de Del Plata. Desde la emisora se respondió que no sólo entendían sino que además apoyaban esa forma de trabajar y que para ellos era importante contar en el 2009 con el programa al que consideraban una de las insignias de la radio. Dadas las garantías y debido a que la radio ahora también llegaba a la provincia de Córdoba, Castro decidió quedarse en el emisora y no preocuparse por pasar a otra (de hecho, en ese momento se publicaron rumores de un posible traspaso a Radio Mitre del Grupo Clarín). Lo cierto es que a la primera diferencia de criterio, las velas del buque insignia de Del Plata se quedaron sin aire y sin la posibilidad de reinsertarse en otra emisora. Consultada por distintos medios, el vocero de la radio en cuestión confirmó la desvinculación pero evitó hablar sobre los motivos de la misma.
Rotaciones de la censura: sale Castro y entra un regreso “compensatorio”
Así estaban las cosas y mientras muchos periodistas se solidarizaron con Nelson Castro, otros miraron para otro lado. Pero la polémica renació esta semana con la noticia de que la periodista Liliana López Foresi –censurada y condenada al ostracismo a principios de los ‘90 en Canal 13 por sus críticas al menemismo- a partir del próximo lunes (23 de febrero) estará a la cabeza de un nuevo programa de Radio Del Plata y ocupará exactamente el mismo espacio en la grilla (lunes a viernes de 6 a 9 horas) que Puntos de Vista.
López Foresi fue la primer mujer periodista en conducir un programa televisivo de política y opinión en la Argentina, y según describe su hermano, Dante Foresi, en una carta publicada en 2007, los motivos de su desaparición de los medios masivos fueron los siguientes:
El 2 de mayo de 1991 se realizó un almuerzo entre el ex presidente Carlos Menem, la dueña de Clarín Ernestina Herrera de Noble, Eduardo Bauzá y el empleado de Clarín (hoy llamado CEO) Héctor Magnetto. Fue precisamente la señora Ernestina quien le pidió a Menem "que se calle Kelly". Menem respondió: "Que se calle Liliana". Ambos sonrieron y luego de los postres, Magnetto y Bauzá arreglaron la "letra chica" y el mecanismo de la censura. Guillermo Patricio Kelly había anunciado esa misma mañana en su programa radial que "esta noche contaré en mi programa de Canal 7 de dónde provienen los hijos de las 'señoras nobles'". Se refería a los hijos de Ernestina, de quienes aún se sospecha que son hijos de desaparecidos, causa por la cual la señora ya estuvo presa. Liliana se enteró de que ya no podría opinar ni realizar entrevistas a través de un productor del programa y las razones de semejante injusticia por boca de su invitado de ese mismo 2 de mayo de 1991, el ex diputado radical César Jaroslavsky, quien le dijo textualmente: "Yo sabía que el almuerzo de hoy te iba a costar la cabeza". Fue así como en "Revista 13, Periodismo con opinión" Liliana convirtió las palabras verbalizadas en gestos elocuentes, que fueron comentados por la gente durante todo aquel 1991. Poco después, los gestos también molestaron al poder. El gerente de noticias del canal en ese entonces y "emblema" de la libre expresión Luis Clur censuró la lectura de frases de Juan Gelman (una idea de Liliana para ir al corte) argumentando que eso también era "bajar línea" o emitir opinión. Liliana fue desplazada de la conducción. No solamente las mujeres periodistas se "suicidaron" no reaccionando ante la injusticia de tal censura de un programa periodístico conducido por alguien del mismo género, sino que la prensa en su casi totalidad dio muestras de una falta de compromiso con la libertad de expresión que aún se observa con claridad. Lo increíble es que hayan pasado 16 años y los responsables de los grandes medios aún se resistan a contratarla*.
En su programa televisivo un enojado Castro no sólo cargó contra el gobierno y los nuevos dueños de Radio del Plata, de quienes anunció/denunció comprarían más medios sino que también criticó fuertemente el monopolio de medios por parte de empresas totalmente ajenas a la actividad y que vinculados al kirchnerismo se nutren de la publicidad oficial que todos pagamos en una clara pero implícita alusión al pool de medios –integrados por las revistas Veintitrés, Siete Días y Newsweek Argentina, el diario BAE y el matutino de distribución gratuita El Argentino- que pertenece al empresario Sergio Spolsky, quien también es socio minoritario y gerente comercial de Radio Del Plata.
El periodista expuso entre otras cosas que si bien no le faltaría trabajo era un ejemplo nuevo y notorio de la censura kirchnerista que “les toca a muchos colegas que la pelean solos”, agradeció el apoyo y en un tono casi bélico cerró su programa con la siguiente frase dedicada al matrimonio Kirchner: “Crees que me matas pero no te das cuenta de que te suicidas”.
En tanto en una entrevista* concedida al diario Crítica de la Argentina de Jorge Lanata, López Foresi calificó al episodio de Nelson Castro como “coyuntural” y dijo que su ingreso a la emisora era un acto reparatorio para el periodismo en general, vale recordar que la periodista además de ser censurada en los ’90, en 2007 conducía un ciclo por Radio Cooperativa (AM 740), que por razones que nunca fueron bien aclaradas terminó en pocos meses. A su vez, López Foresi declaró: “Creo que Nelson se va a sentir muy contento de que sea yo. Hace 18 años que no hablo con él. Trabajamos juntos dos meses en Radio El Mundo, él era mi columnista, antes lo había sido de Mariano Grondona y a mí me plantearon claramente que ideológicamente íbamos por costados distintos, y Nelson quedó conduciendo mi programa, y a mí me pareció bien, tenía que trabajar. (…) Así que Nelson debe de estar contentísimo de que sea precisamente yo, así como yo estoy contenta de que él siga teniendo su programa en Radio Nacional –una radio pública– desde hace años, y siga teniendo aire en un canal privado”. Más adelante en esa misma entrevista al ser consultada sobre su vinculación con los “empresarios K” dueños de Del Plata, la periodista defendió el rigor y profesionalidad de su nuevo programa y respondió: “Si la radio me llamó es porque tengo 35 años de profesión y no tengo que dar explicaciones. Yo no soy socia de la radio, soy una contratada”.
Sobre las libertades y el juego mediático
No es muy difícil darse cuenta que Liliana López Foresi y el Grupo Clarín se tienen entre ceja y ceja y tampoco es un secreto los fuertes roces que hay entre Nelson Castro y el kirchnerismo. Lo que podría explicar las ¿irónicas?/¿insensibles? palabras de López Foresi hacia su colega de Puntos de Vista –y a continuación expongo sólo mis conjeturas- es que éste último no sólo no reconoció a la periodista como damnificada por la censura como lo hizo con otros colegas (aunque también hay que decir que los nombraron fueron los “censurados” por el kirchnerismo), sino que además tampoco habló de la censura en épocas del menemismo y mucho menos mencionó al conocido monopolio comunicacional que genera el multimedio del solcito del que también se conocen polémicas sobre sus coberturas y línea editorial y desde cuyas instalaciones televisivas hizo sus descargos contra Del Plata.
Las opiniones son múltiples y en el caso de estos dos periodistas podría decirse que en este momento son antagónicas. Estoy completamente en contra de la censura, en ambos casos cada uno aporta su verdad y no es mi intención juzgar lo que está bien o mal ni posicionarme a favor o en contra de lo dicho por Castro o López Foresi. Un periodista una vez me dijo que a él no le gusta juzgar a los periodistas sino a los medios y apostando a eso mi intención en este último apartado es abordar un tema un poco más teórico a colación de este caso reciente (pido desde ya perdón al lector por la tortuosa extensión de mi nota).
Como herencia de la llamada libertad de imprenta en el juego de los medios masivo de comunicación actual inciden dos actores principales: las empresas mediáticas y el Estado como regulador económico, político y social. Las relaciones entre estos dos actores son muy complejas y muchas veces se tornan muy poco claras ya que en ella influyen explícita o implícitamente los poderes económicos y políticos de un país. Por ejemplo, en la República Argentina la Ley de Radiodifusión vigente (Ley 22.285) expone en uno de sus apartados que sólo pueden tener acceso a las licencias de radiodifusión (para radio y televisión de aire) el Estado y las empresas con fines de lucro. Aunque la misma ha sido emparchada por decretos reiteradas veces en su historia y la Corte Suprema de Justicia ya ha sentado jurisprudencia sobre la inconstitucionalidad de ese apartado, el mismo continúa allí y por el momento mucho es el ruido y pocas las nueces para concretar una nueva ley sobre este aspecto. Asimismo, en el caso de los medios gráficos masivos si una empresa controla la producción de los insumos materiales que se necesitan para emitir publicaciones y si dicho monopolio no es regulado desde el Estado e incluso este último participa de él, el fantasma de un potencial control sobre los contenidos emitidos por esos medios estará siempre al acecho.
A su vez, la tarea del periodistas ha sido desvalorizada y pauperizada y como simples asalariados no tienen más derecho de publicar su artículo que el que poseen los lectores para publicar sus cartas y así la empresa dueña del medio basada en una legítima toma de posición a través de su línea editorial puede decidir no publicar o emitir cualquier contenido. ¿Es eso censura? ¿Se trata de Libertad de Prensa o de Libertad de Empresa? ¿A dónde queda la Libertad de Expresión en el juego del mercado mediático?
Son muchas preguntas, y por ahora hay pocas respuestas. Los que sí está claro es que para ser dueño de un medio masivo de comunicación hay que tener mucho dinero, que no todos los empresarios son concientes de la responsabilidad social que conlleva dirigir un medio y que generar una legislación adecuada sin lesionar libertades constitucionales es una tarea muy difícil.
Hace unas cuantas décadas se hablaba de la necesidad de que los departamentos de negocios (publicidad) y la redacción de un medio debían estar en torres cercanas pero separadas. La idea era que toda decisión (tanto periodística como empresarial) se “aireara” durante el trayecto que separaba ambos edificios, de forma tal que se evitara el impulso y las medidas fuera meditadas con responsabilidad. En la mayoría de los medios actuales la información constituyen un excelente centro de ganancias y la metáfora de las dos torres es poco menos que utópica. No sólo se utiliza un solo edificio y pocos empleados para reducir costos, sino que además, al igual que les ocurrió a Castro y López Foresi en sus respectivos momentos, las áreas periodística y de negocios no tienen aire, y están casi amalgamadas. A ese peligroso panorama se suma una nueva tendencia por la que gran número de medios se concentran en pocas manos empresariales (que tienen o no trayectoria en el sector).
Todo lo anterior genera una tensión constante entre las empresas mediáticas y el Estado y su poder político de turno cuyas alianzas y guerras pueden herir de muerte a la Libertad de Expresión, que como dijo Nelson Castro en su programa de TN “no es sólo un bien corporativo de los periodistas” sino un derecho que nos pertenece a todos, al igual que al acceso a la información pública. Como consecuencia la diversidad de opiniones y puntos de vista expresados por los medios decae y entra en una meseta. Con el peligro de que el discurso mediático se vuelva único tanto el público como los trabajadores de prensa -que en muchos casos deben recurrir a la autocensura para conservar sus puestos de trabajo- salen perjudicados. La respuesta a este problema quizás venga de la mano de los habitantes de cada país: son los ciudadanos quienes eligen a sus gobernantes y son esos mismos ciudadanos como lectores/oyentes/espectadores los que eligen dar crédito a un medio y hacerlo rentable. Algunos dirán, y con razón, que es un proceso muy lento o simplemente quijotesco, pero quiero creer que en algún momento –quizás ayudado por las nuevas tecnologías- llegará el día en que los empresarios mediáticos y los periodistas (que aunque asalariados no somos precisamente “hijos de heidi”) reconozcamos el enorme poder del receptor y respetemos al público con profesionalidad y contenidos de calidad. Quizá cuando la última palabra la tenga el público podremos garantizar la Libertad de Expresión y el derecho a estar informados.
*En la sección “Enlaces para compartir y debatir” de este blog están los links a videos y artículos con información más detallada sobre las noticias abordadas que utilicé como fuente para este post.
Terminaba enero y al regreso de sus vacaciones Nelson Castro confirmó lo que sabía era una noticia cantada: su programa Puntos de Vista no estaría más en el aire de Radio Del Plata (AM 1030). La noticia del despido/desvinculación del afamado periodista y su equipo y de los roces con los nuevos dueños de la emisora (cuyas acciones mayoritarias son del grupo cordobés Electroingeniería, propiedad de los empresarios Osvaldo Acosta y Gerardo Ferreira que están estrechamente ligados al kirchnerismo) era un rumor a voces desde mediados de enero del que dieron cuenta muchos de los medios periodísticos más importantes, en tirada y audiencia, de la República Argentina.
Tras “separar los caminos” y acordar una justa compensación económica por la rescisión unilateral (por parte de la radio) de un contrato de dos años que finalizaba en 2010, Castro volvió al ruedo periodístico. Desde sus columnas (en los diarios Perfil y La Nación) y ocupando más de 10 minutos a la finalización de su programa televisivo El juego limpio en el canal de cable Todo Noticias (TN del Grupo Clarín) se ocupó de dar explicaciones a su público y hacer su descargo contra la emisora que ni siquiera lo dejó despedirse.
Según el periodista, que es uno de los más críticos del kirchnerismo, los motivos del descontento de la emisora fueron dos coberturas específicas realizadas en la primera quincena de enero. En la primera se hizo referencia a un presunto sobreprecio en una obra pública de tendido eléctrico en la que estaba involucrada la empresa Electroingeniería; y la segunda cuestión habrían sido las críticas coberturas que Castro realiza sobre el kirchnerismo, especialmente la realizada sobre la situación de la salud de la presidente Cristina Fernández tras su descompensación en el mes de enero por la que debió postergar su viaje a Cuba*.
De forma explícita en su racconto de lo sucedido -que también tuvo lugar en el programa Hora Clave (Canal 26, de cable) del periodista Mariano Grondona-, Castro expuso que detrás de toda la escena estaba el plan del “matrimonio presidencial” (como denomina a la presidente y a Néstor Kirchner) de dejarlo fuera del aire, situación que fue facilitada por el hecho de que la empresa dueña de la emisora les era funcional. Las bases de esta denuncia de censura refieren a que en diciembre de 2008, mes en el que es común que las grillas de las radios y canales estén abiertas a los pases de programas, desde Puntos de Vista se intentó dejar en claro las patas de lo que sería su trabajo periodístico profesional en 2009 para evitar futuros choques con los nuevos jerarcas de Del Plata. Desde la emisora se respondió que no sólo entendían sino que además apoyaban esa forma de trabajar y que para ellos era importante contar en el 2009 con el programa al que consideraban una de las insignias de la radio. Dadas las garantías y debido a que la radio ahora también llegaba a la provincia de Córdoba, Castro decidió quedarse en el emisora y no preocuparse por pasar a otra (de hecho, en ese momento se publicaron rumores de un posible traspaso a Radio Mitre del Grupo Clarín). Lo cierto es que a la primera diferencia de criterio, las velas del buque insignia de Del Plata se quedaron sin aire y sin la posibilidad de reinsertarse en otra emisora. Consultada por distintos medios, el vocero de la radio en cuestión confirmó la desvinculación pero evitó hablar sobre los motivos de la misma.
Rotaciones de la censura: sale Castro y entra un regreso “compensatorio”
Así estaban las cosas y mientras muchos periodistas se solidarizaron con Nelson Castro, otros miraron para otro lado. Pero la polémica renació esta semana con la noticia de que la periodista Liliana López Foresi –censurada y condenada al ostracismo a principios de los ‘90 en Canal 13 por sus críticas al menemismo- a partir del próximo lunes (23 de febrero) estará a la cabeza de un nuevo programa de Radio Del Plata y ocupará exactamente el mismo espacio en la grilla (lunes a viernes de 6 a 9 horas) que Puntos de Vista.
López Foresi fue la primer mujer periodista en conducir un programa televisivo de política y opinión en la Argentina, y según describe su hermano, Dante Foresi, en una carta publicada en 2007, los motivos de su desaparición de los medios masivos fueron los siguientes:
El 2 de mayo de 1991 se realizó un almuerzo entre el ex presidente Carlos Menem, la dueña de Clarín Ernestina Herrera de Noble, Eduardo Bauzá y el empleado de Clarín (hoy llamado CEO) Héctor Magnetto. Fue precisamente la señora Ernestina quien le pidió a Menem "que se calle Kelly". Menem respondió: "Que se calle Liliana". Ambos sonrieron y luego de los postres, Magnetto y Bauzá arreglaron la "letra chica" y el mecanismo de la censura. Guillermo Patricio Kelly había anunciado esa misma mañana en su programa radial que "esta noche contaré en mi programa de Canal 7 de dónde provienen los hijos de las 'señoras nobles'". Se refería a los hijos de Ernestina, de quienes aún se sospecha que son hijos de desaparecidos, causa por la cual la señora ya estuvo presa. Liliana se enteró de que ya no podría opinar ni realizar entrevistas a través de un productor del programa y las razones de semejante injusticia por boca de su invitado de ese mismo 2 de mayo de 1991, el ex diputado radical César Jaroslavsky, quien le dijo textualmente: "Yo sabía que el almuerzo de hoy te iba a costar la cabeza". Fue así como en "Revista 13, Periodismo con opinión" Liliana convirtió las palabras verbalizadas en gestos elocuentes, que fueron comentados por la gente durante todo aquel 1991. Poco después, los gestos también molestaron al poder. El gerente de noticias del canal en ese entonces y "emblema" de la libre expresión Luis Clur censuró la lectura de frases de Juan Gelman (una idea de Liliana para ir al corte) argumentando que eso también era "bajar línea" o emitir opinión. Liliana fue desplazada de la conducción. No solamente las mujeres periodistas se "suicidaron" no reaccionando ante la injusticia de tal censura de un programa periodístico conducido por alguien del mismo género, sino que la prensa en su casi totalidad dio muestras de una falta de compromiso con la libertad de expresión que aún se observa con claridad. Lo increíble es que hayan pasado 16 años y los responsables de los grandes medios aún se resistan a contratarla*.
En su programa televisivo un enojado Castro no sólo cargó contra el gobierno y los nuevos dueños de Radio del Plata, de quienes anunció/denunció comprarían más medios sino que también criticó fuertemente el monopolio de medios por parte de empresas totalmente ajenas a la actividad y que vinculados al kirchnerismo se nutren de la publicidad oficial que todos pagamos en una clara pero implícita alusión al pool de medios –integrados por las revistas Veintitrés, Siete Días y Newsweek Argentina, el diario BAE y el matutino de distribución gratuita El Argentino- que pertenece al empresario Sergio Spolsky, quien también es socio minoritario y gerente comercial de Radio Del Plata.
El periodista expuso entre otras cosas que si bien no le faltaría trabajo era un ejemplo nuevo y notorio de la censura kirchnerista que “les toca a muchos colegas que la pelean solos”, agradeció el apoyo y en un tono casi bélico cerró su programa con la siguiente frase dedicada al matrimonio Kirchner: “Crees que me matas pero no te das cuenta de que te suicidas”.
En tanto en una entrevista* concedida al diario Crítica de la Argentina de Jorge Lanata, López Foresi calificó al episodio de Nelson Castro como “coyuntural” y dijo que su ingreso a la emisora era un acto reparatorio para el periodismo en general, vale recordar que la periodista además de ser censurada en los ’90, en 2007 conducía un ciclo por Radio Cooperativa (AM 740), que por razones que nunca fueron bien aclaradas terminó en pocos meses. A su vez, López Foresi declaró: “Creo que Nelson se va a sentir muy contento de que sea yo. Hace 18 años que no hablo con él. Trabajamos juntos dos meses en Radio El Mundo, él era mi columnista, antes lo había sido de Mariano Grondona y a mí me plantearon claramente que ideológicamente íbamos por costados distintos, y Nelson quedó conduciendo mi programa, y a mí me pareció bien, tenía que trabajar. (…) Así que Nelson debe de estar contentísimo de que sea precisamente yo, así como yo estoy contenta de que él siga teniendo su programa en Radio Nacional –una radio pública– desde hace años, y siga teniendo aire en un canal privado”. Más adelante en esa misma entrevista al ser consultada sobre su vinculación con los “empresarios K” dueños de Del Plata, la periodista defendió el rigor y profesionalidad de su nuevo programa y respondió: “Si la radio me llamó es porque tengo 35 años de profesión y no tengo que dar explicaciones. Yo no soy socia de la radio, soy una contratada”.
Sobre las libertades y el juego mediático
No es muy difícil darse cuenta que Liliana López Foresi y el Grupo Clarín se tienen entre ceja y ceja y tampoco es un secreto los fuertes roces que hay entre Nelson Castro y el kirchnerismo. Lo que podría explicar las ¿irónicas?/¿insensibles? palabras de López Foresi hacia su colega de Puntos de Vista –y a continuación expongo sólo mis conjeturas- es que éste último no sólo no reconoció a la periodista como damnificada por la censura como lo hizo con otros colegas (aunque también hay que decir que los nombraron fueron los “censurados” por el kirchnerismo), sino que además tampoco habló de la censura en épocas del menemismo y mucho menos mencionó al conocido monopolio comunicacional que genera el multimedio del solcito del que también se conocen polémicas sobre sus coberturas y línea editorial y desde cuyas instalaciones televisivas hizo sus descargos contra Del Plata.
Las opiniones son múltiples y en el caso de estos dos periodistas podría decirse que en este momento son antagónicas. Estoy completamente en contra de la censura, en ambos casos cada uno aporta su verdad y no es mi intención juzgar lo que está bien o mal ni posicionarme a favor o en contra de lo dicho por Castro o López Foresi. Un periodista una vez me dijo que a él no le gusta juzgar a los periodistas sino a los medios y apostando a eso mi intención en este último apartado es abordar un tema un poco más teórico a colación de este caso reciente (pido desde ya perdón al lector por la tortuosa extensión de mi nota).
Como herencia de la llamada libertad de imprenta en el juego de los medios masivo de comunicación actual inciden dos actores principales: las empresas mediáticas y el Estado como regulador económico, político y social. Las relaciones entre estos dos actores son muy complejas y muchas veces se tornan muy poco claras ya que en ella influyen explícita o implícitamente los poderes económicos y políticos de un país. Por ejemplo, en la República Argentina la Ley de Radiodifusión vigente (Ley 22.285) expone en uno de sus apartados que sólo pueden tener acceso a las licencias de radiodifusión (para radio y televisión de aire) el Estado y las empresas con fines de lucro. Aunque la misma ha sido emparchada por decretos reiteradas veces en su historia y la Corte Suprema de Justicia ya ha sentado jurisprudencia sobre la inconstitucionalidad de ese apartado, el mismo continúa allí y por el momento mucho es el ruido y pocas las nueces para concretar una nueva ley sobre este aspecto. Asimismo, en el caso de los medios gráficos masivos si una empresa controla la producción de los insumos materiales que se necesitan para emitir publicaciones y si dicho monopolio no es regulado desde el Estado e incluso este último participa de él, el fantasma de un potencial control sobre los contenidos emitidos por esos medios estará siempre al acecho.
A su vez, la tarea del periodistas ha sido desvalorizada y pauperizada y como simples asalariados no tienen más derecho de publicar su artículo que el que poseen los lectores para publicar sus cartas y así la empresa dueña del medio basada en una legítima toma de posición a través de su línea editorial puede decidir no publicar o emitir cualquier contenido. ¿Es eso censura? ¿Se trata de Libertad de Prensa o de Libertad de Empresa? ¿A dónde queda la Libertad de Expresión en el juego del mercado mediático?
Son muchas preguntas, y por ahora hay pocas respuestas. Los que sí está claro es que para ser dueño de un medio masivo de comunicación hay que tener mucho dinero, que no todos los empresarios son concientes de la responsabilidad social que conlleva dirigir un medio y que generar una legislación adecuada sin lesionar libertades constitucionales es una tarea muy difícil.
Hace unas cuantas décadas se hablaba de la necesidad de que los departamentos de negocios (publicidad) y la redacción de un medio debían estar en torres cercanas pero separadas. La idea era que toda decisión (tanto periodística como empresarial) se “aireara” durante el trayecto que separaba ambos edificios, de forma tal que se evitara el impulso y las medidas fuera meditadas con responsabilidad. En la mayoría de los medios actuales la información constituyen un excelente centro de ganancias y la metáfora de las dos torres es poco menos que utópica. No sólo se utiliza un solo edificio y pocos empleados para reducir costos, sino que además, al igual que les ocurrió a Castro y López Foresi en sus respectivos momentos, las áreas periodística y de negocios no tienen aire, y están casi amalgamadas. A ese peligroso panorama se suma una nueva tendencia por la que gran número de medios se concentran en pocas manos empresariales (que tienen o no trayectoria en el sector).
Todo lo anterior genera una tensión constante entre las empresas mediáticas y el Estado y su poder político de turno cuyas alianzas y guerras pueden herir de muerte a la Libertad de Expresión, que como dijo Nelson Castro en su programa de TN “no es sólo un bien corporativo de los periodistas” sino un derecho que nos pertenece a todos, al igual que al acceso a la información pública. Como consecuencia la diversidad de opiniones y puntos de vista expresados por los medios decae y entra en una meseta. Con el peligro de que el discurso mediático se vuelva único tanto el público como los trabajadores de prensa -que en muchos casos deben recurrir a la autocensura para conservar sus puestos de trabajo- salen perjudicados. La respuesta a este problema quizás venga de la mano de los habitantes de cada país: son los ciudadanos quienes eligen a sus gobernantes y son esos mismos ciudadanos como lectores/oyentes/espectadores los que eligen dar crédito a un medio y hacerlo rentable. Algunos dirán, y con razón, que es un proceso muy lento o simplemente quijotesco, pero quiero creer que en algún momento –quizás ayudado por las nuevas tecnologías- llegará el día en que los empresarios mediáticos y los periodistas (que aunque asalariados no somos precisamente “hijos de heidi”) reconozcamos el enorme poder del receptor y respetemos al público con profesionalidad y contenidos de calidad. Quizá cuando la última palabra la tenga el público podremos garantizar la Libertad de Expresión y el derecho a estar informados.
*En la sección “Enlaces para compartir y debatir” de este blog están los links a videos y artículos con información más detallada sobre las noticias abordadas que utilicé como fuente para este post.
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domingo, 1 de febrero de 2009
LA OPINIÓN OBJETIVA. Por los caminos Objetividad y Opinión pasando por la Línea Editorial y en un muy largo recorrido hacia la parada Independencia
De los oxímoron y el periodismo
En unas vacaciones de verano me sorprendí al escuchar el spot institucional y publicitario del diario más antiguo y reconocido de Mar del Plata. En el mismo la voz del locutor muy seriamente exponía: “Diario La Capital. El diario de Mar del Plata, con opinión propia y objetiva”. Hace unos días haciendo zapping por los canales de noticias del cable (y de los otros, porque no sólo de periodismo se alimenta quien escribe aquí, no voy a mentirles) me encontré con un institucional del noticiero de América 24 en el que también se unían los conceptos de objetividad y opinión.
Además de intentar conseguir el maravilloso y temible periódico que tenía la fórmula para que una opinión propia se volviera objetiva (corriendo hacia él iban también todos los tiranos del mundo y sus delirios de grandeza), en el primero de los casos no pude más que sonreírme y bromear durante varios días al respecto. En el segundo empecé a preocuparme y sentí una mezcla de enojo y miedo.
Dirá el lector que mi actitud demostró un feo prejuicio que ninguneaba y daba por sentada la duda sobre la profesionalidad del diario del interior, y a la vez otorgaba mayor crédito al medio televisivo capitalino. Puede ser y lo asumo como error propio y en el que poco tiene que ver mi actual y hasta fortuita residencia en la ciudad de Buenos Aires -prepotente capital de las capitales de este país del sur-. Pero la cuestión por la que escribo en esta nota es otra, porque así enunciada la “opinión propia y objetiva” se convierte para mí en un oxímoron periodístico digno de análisis. ¿Puede una opinión ser objetiva? ¿Qué nuevo concepto trae aparejado la unión de esas dos palabras antagónicas? ¿Qué conducta periodística se desprende de ello?
Desempolvando momias y desterrando viejos faraones
En los dos casos que mencioné explícita o implícitamente a la palabra opinión se le agrega primero una característica sustancial: el ser propia, es decir se trata de la opinión particular del medio o sus periodistas (no confundir con opinión pública), y además se realza -con un dejo de marketing post noventas- la originalidad de su staff o de su estilo.
Ahora vuelvo a preguntarme: ¿Una opinión puede ser objetiva?, ¿Cómo se articula eso en el periodismo? Desde que el periodismo empezó a considerarse como un fin en sí mismo e intentó huir del corset que le imponía la vieja tradición de prensa partidaria o de tribuna, hay ciertos conceptos por los que izó banderas en pro de su profesionalización y entre ellos figuran fundamentalmente: la independencia, la libertad de prensa, el compromiso con el público y el rigor periodístico (en esta nota hablaré sobre varios de ellos).
Al comienzo de la profesionalización, la objetividad era importantísima a la hora de medir el rigor periodístico. No sólo se buscaba sacar a la luz lo oculto y revelar la verdad de los hechos, sino que para exponer ese contenido se pretendía utilizar un lenguaje y una estructura que evitara a toda costa la subjetividad. El “seco” fue su género por excelencia y el mismo puede verse más clara y frecuentemente en los contenidos que producen las agencias de noticias.
Pero un buen día alguien se percató de que por más que el periodista intentara patear lejos sus ideales y pasiones, siempre habría una cuota de subjetividad. La información sobre un suceso puede ser más o menos neutral (incluso hay reglas para ello como recurrir a varias fuentes antagónicas, chequear la información la hora de ser seleccionada con fuentes que no tengan nexos entre sí, etc) pero desde el momento en que un medio o periodista se decide a darle cabida, el suceso comienza a ser tratado de forma subjetiva. El periodista y profesor de la Universidad Nacional de La Plata Victor Ego Ducrot sostiene* que el periodismo es “objetivo y parcial”: objetivo en cuanto refiere a un suceso que se alza como una especia de objeto de estudio del periodista, y parcial porque desde el momento en que se lo pone en foco éste le agrega su subjetividad.
Dudo que la frase “opinión propia y objetiva” sea consecuente con la definición de periodismo “objetivo y parcial” de Ducrot; por eso escucharla fue como ver a dos momias caminando de la mano. ¿A quién no le daría miedo?
Como ya expuse lo de “objetiva” proviene de un concepto vetusto -o no tanto, ya que al perecer aún algunos medios y periodistas lo sostienen- pero ese aspecto aliado a una “opinión propia” trae consigo un cadáver más horroroso que de por sí aleja al medio de la profesionalización. Es que para mí un medio que logra objetivar un discurso (cosa que puede suceder) a piaccere no perdió las mañas de la “prensa de partidos”; y si yo fuera agente de prensa de un partido, un gobierno, empresa, religión, etc, en vez de consternarme lo vería como una herramienta muy útil a mis propósitos. Pero la cosa no es tan fácil y los lectores no somos tan ingenuos -¿o sí?-.
No me asusta para nada el género de opinión en un medio periodístico, de hecho me encanta que los medios muestren o presenten diferentes enfoques, perspectivas e ideas sobre un hecho y rescato la originalidad (y hasta frescura) que puede agregarle tal o cual profesional de prensa a las noticias de cada día. Un espectro de medios periodísticos sin esa variedad sería predecible, soso y estaría objetivando si o sí un discurso, pero si la opinión no sólo no viene diferenciada sino que además tiene dos características antagónicas: es “propia” y “objetiva” mi idea sobre el producto periodístico no evoca profesionalismo y en todo caso lo único que rescato es que al menos me lo estén avisando.
¿El zorro pierde el pelo pero no las mañas?
Muchos lectores podrán decirme que la prensa hizo lo mismo que el zorro y que hoy cada medio juega el partido para “su parroquia”. Esto es señalado con cierta facilidad –y un dejo de ligereza- en muchos casos, pero hay que tener en cuenta que es muy difícil de comprobar. Para exponer porqué afirmo lo anterior entran en juego la línea editorial y la independencia periodística.
La línea editorial es un conjunto de principios que le otorgan personalidad a un medio y suele ser acompañado –sobre todo en los medios más grandes- por un estatuto o conjunto de criterios marco sobre cómo sus empleados deben ejercer la práctica periodística. Dichos principios y reglas versan sobre cuestiones como la orientación filosófica-ideológica e incluyen hasta si la palabra “kilo” debe aparecer con “k” o con “q”. Eso junto con las cabezas periodísticas (o periodistas más reconocidos) que avalan con su pluma, voz o imagen al medio, es lo que le conforma su identidad y lo que hacen que el público se reconozca en él, le crea y lo elija para informarse.
Para entender el concepto de independencia periodística no hay que pretender que un medio tenga asepsia ideológica o filosófica, este es un error común que a mi entender avala la vieja concepción de la objetividad. Es muy común que el concepto de independencia aparezca asociado a otros como característica sustancial en la identidad o línea de muchísimos medios profesionales contemporáneos. En mi tesis de grado plantee que este término refiere a que el medio “no se somete a dictámenes, ni lineamientos ni acata estrategias diseñadas por grupos políticos, económicos, sociales o culturales. Y esto es así más allá de cual sea la orientación política, filosófica o ideológica del medio a la hora de analizar lo hechos y emitir opiniones”**.
En una (mala) práctica periodística y sin exponer argumentos claros que guíen su análisis (o su forma de producir la noticia) los medios pueden llegar a ser oficiosos o a sesgar a favor o en contra de ciertos partidos, ideas, religiones, etc. Así, la diferencia en tanto rigor y criterios periodísticos es esencial en lo que hace a la calidad del producto periodístico y en la demostración del respeto por el público que profesan, y eso en consecuencia está relacionado directamente con la credibilidad que logran obtener como medios.
Como decía, es muy fácil acusar a un medio como “dependiente de” pero muy difícil demostrarlo porque a salvo que se vea a un empresario mediático o periodista consultando a determinada institución para acatar su línea de acción o recibiendo una “coima” para hacerlo, no hay pruebas y el medio está en todo su derecho a avalar o denostar lo que quiera de acuerdo a su base de creencias –y yo agregaría de conveniencias empresariales-.
Aunque están muy ligadas, hay que saber que para los medios –que hacen su labor en sociedades democráticas- en general la independencia económica es más difícil de sostener y provoca más tensiones al interior de la redacción que la independencia política.
‘Independientes de los reyes de España’
A mi entender un medio que carece de línea editorial clara es un medio que no vende y por ende desaparece. Para el trabajador de prensa hacer su tarea dentro de un medio cuya línea editorial es clara genera tranquilidad y un respaldo muy importante para lograr calidad informativa. Personalmente –y aunque suene un poco mercenario- siempre he dicho que prefiero trabajar en un medio con el cual no comparta la línea filosófica o ideológicamente hablando, pero en la que ésta sea consecuente en el tiempo y clara.
Un problema actual es que muchos medios de gran trayectoria en su legítimo rol de empresas han logrado establecerse como marcas y sus líneas editoriales van y vienen, descuidando la calidad periodística, y a capricho de sus dueños. Es que la independencia periodística está de moda, se ha banalizado y convertido en slogan, el concepto no se revisa ni entiende y así como existe una máquina y una receta para hacer chorizos, hay una máquina para hacer productos periodísticos y esa máquina sabe que uno de los ingredientes infaltables para sobrevivir es proclamarse independiente.
El que los medios sean honestos en su cercanía a una línea filosófica o ideológica debería ser tan importante como el que sea independiente. Pero actualmente ese valor no cotiza en el mercado, los empresarios lo saben, lo esconden y en consecuencia el respeto por el público muchas veces se ve deteriorado. El tiempo pasa y el lector/oyente/espectador no es bobo y vacila ante el contenido que le transmiten los medios, ya no sabe qué pensar.
Hemos desestimado al público, fuimos poco claros y no estamos abiertos a debatir sobre nuestra práctica. La discusión es harto extensa y hoy -con la cantidad de medios en manos de capitales ibéricos en esta región de América y los intereses que ello genera- hasta está en duda de que podamos decir irónicamente que nuestro periodismo es ‘independiente de los reyes de España’.
*El link para encontrar el artículo en que Ducrot expone esta idea está en “Enlaces para Compartir y Debatir” de este blog.
** Es horrible citarse y por el momento prefiero cultivar un perfil bajo.
Al comienzo de la profesionalización, la objetividad era importantísima a la hora de medir el rigor periodístico. No sólo se buscaba sacar a la luz lo oculto y revelar la verdad de los hechos, sino que para exponer ese contenido se pretendía utilizar un lenguaje y una estructura que evitara a toda costa la subjetividad. El “seco” fue su género por excelencia y el mismo puede verse más clara y frecuentemente en los contenidos que producen las agencias de noticias.
Pero un buen día alguien se percató de que por más que el periodista intentara patear lejos sus ideales y pasiones, siempre habría una cuota de subjetividad. La información sobre un suceso puede ser más o menos neutral (incluso hay reglas para ello como recurrir a varias fuentes antagónicas, chequear la información la hora de ser seleccionada con fuentes que no tengan nexos entre sí, etc) pero desde el momento en que un medio o periodista se decide a darle cabida, el suceso comienza a ser tratado de forma subjetiva. El periodista y profesor de la Universidad Nacional de La Plata Victor Ego Ducrot sostiene* que el periodismo es “objetivo y parcial”: objetivo en cuanto refiere a un suceso que se alza como una especia de objeto de estudio del periodista, y parcial porque desde el momento en que se lo pone en foco éste le agrega su subjetividad.
Dudo que la frase “opinión propia y objetiva” sea consecuente con la definición de periodismo “objetivo y parcial” de Ducrot; por eso escucharla fue como ver a dos momias caminando de la mano. ¿A quién no le daría miedo?
Como ya expuse lo de “objetiva” proviene de un concepto vetusto -o no tanto, ya que al perecer aún algunos medios y periodistas lo sostienen- pero ese aspecto aliado a una “opinión propia” trae consigo un cadáver más horroroso que de por sí aleja al medio de la profesionalización. Es que para mí un medio que logra objetivar un discurso (cosa que puede suceder) a piaccere no perdió las mañas de la “prensa de partidos”; y si yo fuera agente de prensa de un partido, un gobierno, empresa, religión, etc, en vez de consternarme lo vería como una herramienta muy útil a mis propósitos. Pero la cosa no es tan fácil y los lectores no somos tan ingenuos -¿o sí?-.
No me asusta para nada el género de opinión en un medio periodístico, de hecho me encanta que los medios muestren o presenten diferentes enfoques, perspectivas e ideas sobre un hecho y rescato la originalidad (y hasta frescura) que puede agregarle tal o cual profesional de prensa a las noticias de cada día. Un espectro de medios periodísticos sin esa variedad sería predecible, soso y estaría objetivando si o sí un discurso, pero si la opinión no sólo no viene diferenciada sino que además tiene dos características antagónicas: es “propia” y “objetiva” mi idea sobre el producto periodístico no evoca profesionalismo y en todo caso lo único que rescato es que al menos me lo estén avisando.
¿El zorro pierde el pelo pero no las mañas?
Muchos lectores podrán decirme que la prensa hizo lo mismo que el zorro y que hoy cada medio juega el partido para “su parroquia”. Esto es señalado con cierta facilidad –y un dejo de ligereza- en muchos casos, pero hay que tener en cuenta que es muy difícil de comprobar. Para exponer porqué afirmo lo anterior entran en juego la línea editorial y la independencia periodística.
La línea editorial es un conjunto de principios que le otorgan personalidad a un medio y suele ser acompañado –sobre todo en los medios más grandes- por un estatuto o conjunto de criterios marco sobre cómo sus empleados deben ejercer la práctica periodística. Dichos principios y reglas versan sobre cuestiones como la orientación filosófica-ideológica e incluyen hasta si la palabra “kilo” debe aparecer con “k” o con “q”. Eso junto con las cabezas periodísticas (o periodistas más reconocidos) que avalan con su pluma, voz o imagen al medio, es lo que le conforma su identidad y lo que hacen que el público se reconozca en él, le crea y lo elija para informarse.
Para entender el concepto de independencia periodística no hay que pretender que un medio tenga asepsia ideológica o filosófica, este es un error común que a mi entender avala la vieja concepción de la objetividad. Es muy común que el concepto de independencia aparezca asociado a otros como característica sustancial en la identidad o línea de muchísimos medios profesionales contemporáneos. En mi tesis de grado plantee que este término refiere a que el medio “no se somete a dictámenes, ni lineamientos ni acata estrategias diseñadas por grupos políticos, económicos, sociales o culturales. Y esto es así más allá de cual sea la orientación política, filosófica o ideológica del medio a la hora de analizar lo hechos y emitir opiniones”**.
En una (mala) práctica periodística y sin exponer argumentos claros que guíen su análisis (o su forma de producir la noticia) los medios pueden llegar a ser oficiosos o a sesgar a favor o en contra de ciertos partidos, ideas, religiones, etc. Así, la diferencia en tanto rigor y criterios periodísticos es esencial en lo que hace a la calidad del producto periodístico y en la demostración del respeto por el público que profesan, y eso en consecuencia está relacionado directamente con la credibilidad que logran obtener como medios.
Como decía, es muy fácil acusar a un medio como “dependiente de” pero muy difícil demostrarlo porque a salvo que se vea a un empresario mediático o periodista consultando a determinada institución para acatar su línea de acción o recibiendo una “coima” para hacerlo, no hay pruebas y el medio está en todo su derecho a avalar o denostar lo que quiera de acuerdo a su base de creencias –y yo agregaría de conveniencias empresariales-.
Aunque están muy ligadas, hay que saber que para los medios –que hacen su labor en sociedades democráticas- en general la independencia económica es más difícil de sostener y provoca más tensiones al interior de la redacción que la independencia política.
‘Independientes de los reyes de España’
A mi entender un medio que carece de línea editorial clara es un medio que no vende y por ende desaparece. Para el trabajador de prensa hacer su tarea dentro de un medio cuya línea editorial es clara genera tranquilidad y un respaldo muy importante para lograr calidad informativa. Personalmente –y aunque suene un poco mercenario- siempre he dicho que prefiero trabajar en un medio con el cual no comparta la línea filosófica o ideológicamente hablando, pero en la que ésta sea consecuente en el tiempo y clara.
Un problema actual es que muchos medios de gran trayectoria en su legítimo rol de empresas han logrado establecerse como marcas y sus líneas editoriales van y vienen, descuidando la calidad periodística, y a capricho de sus dueños. Es que la independencia periodística está de moda, se ha banalizado y convertido en slogan, el concepto no se revisa ni entiende y así como existe una máquina y una receta para hacer chorizos, hay una máquina para hacer productos periodísticos y esa máquina sabe que uno de los ingredientes infaltables para sobrevivir es proclamarse independiente.
El que los medios sean honestos en su cercanía a una línea filosófica o ideológica debería ser tan importante como el que sea independiente. Pero actualmente ese valor no cotiza en el mercado, los empresarios lo saben, lo esconden y en consecuencia el respeto por el público muchas veces se ve deteriorado. El tiempo pasa y el lector/oyente/espectador no es bobo y vacila ante el contenido que le transmiten los medios, ya no sabe qué pensar.
Hemos desestimado al público, fuimos poco claros y no estamos abiertos a debatir sobre nuestra práctica. La discusión es harto extensa y hoy -con la cantidad de medios en manos de capitales ibéricos en esta región de América y los intereses que ello genera- hasta está en duda de que podamos decir irónicamente que nuestro periodismo es ‘independiente de los reyes de España’.
*El link para encontrar el artículo en que Ducrot expone esta idea está en “Enlaces para Compartir y Debatir” de este blog.
** Es horrible citarse y por el momento prefiero cultivar un perfil bajo.
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domingo, 18 de enero de 2009
PASANTÍAS Y PERIODISMO. Cuando la regla es no ser ni un "junior"
Regla nº 1: El pasante está de paso
En el comienzo no había pasantías, tampoco universidades que enseñaran periodismo, el o la joven aspirante sólo se acercaba a un periodista de un medio y, entre un café o una bebida espirituosa, la charla llevaba por sí sola a la enseñanaza práctica en la redacción. El sueldo seguramente eran unas chirolas al principio, pero el alumno aprendía del maestro que siempre estaba dispuesto a enseñar. No hacía falta más que ganas y dependiendo de su habilidad y capacidad el joven se convertía en un/a periodista.
Hoy ya no es así: se puede estar de pasante eternamente y sin aprender nada de los superiores. En muchísimos casos, la pasantía ha visto desvirtuada su función original convirtiendo a los pasantes en personal "use y tire" ("que vienen muchos más detrás", agregaría yo) de las empresas mediáticas.
Tenés que estar en una universidad privada para acceder a una pasantía "buena" (o sea paga porque las hay gratis) y si ya te recibiste fuiste. Si hasta ahí no conseguiste la titánica proeza del contrato estable, en donde fuera tu última pasantía se despiden de vos tirándote la harina y los huevos característicos de esos festejos.
"Ya sos licenciad@, estás para más que una pasantía" o "La vida es una de cal y otra de arena", son frases tristemente acertadas que escuchás o te decís en esos momentos, mientras se te da por completar una solicitud de empleo para un "rapid food" y decidís que vas a colgár el título en el baño (tus estudios y experiencia te facultan a hacer las tres cosas bien al mismo tiempo).
Ojo, que aunque estás "casi out" del mercado laboral periodístico y/o mediático (ya no se puede justificar una pasantía ante la ley, al menos en la República Argentina) no hay que desesperar: todo puede "volver a ser" de la mano de un posgrado o maestría que te acredite nuevamente como estudiante y por ende te devuelva al ruedo... de la ansiada pasantía, claro! En este caso si no tenés un papi o una mami con plata (¡que los hay los hay!), como el "sueldo" de pasante no te alcanza ni por asomo para pagar tus nuevos estudios, opciones de la talla de robar un Banco o vender un riñón ya no te parecen tan descabelladas para seguir con tu "vocación" (a esta altura convertida ya una especie de misión).
Con o sin título, una vez como pasante las cosas se complican, si se puede, aún más. Llegás a la redacción a empezar de cero o con un curriculo plagado de otras pasantías y/o trabajos freelance, pero en vez de valorar tu capacidad y experiencia sos una amenaza para los ya establecidos (a los que seguramente les costó tanto). Nadie te explica nada ("a la guerra con un tenedor") y si te mandan a cubrir una nota tenés los ojos de los "periodistas de verdad" clavados en la espalda porque vos -sí vos que no tenés otra para progresar que hacer mil pasantías- hacés el trabajo por menos de la mitad de un sueldo y por ende devaluas el salario. ¡Ya te gustaría que te contrataran de una!, de hecho hasta lo merecés, pero "las cosas funcionan así" y al parecer hay que pasar por ese y otros naturalizados calvarios para llegar a ese "cielo prometido". "Derecho de piso", le dicen.
Regla nº 2: No hablés de plata, esto es Periodismo
Por otro lado -y me pongo más seria-, tampoco los medios se ponen de acuerdo en dos cosas al incluir gente nueva: la primera es si el periodismo es oficio o profesión. Si fuera profesión y la tarea estuviera colegiada tras una breve práctica y con el título tendrías derecho a trabajar sin más y cobrando al menos el básico; y si fuera oficio los más viejos te tienen que enseñar al entrar asumiendo esos costos y no hay necesidad de pasar por ninguna universidad.
La segunda cuestión va en relación con lo anterior y es en tanto a que los medios son empresas del mercado en ciertas circunstancias que ellos deciden (se acuerdan sobre todo a la hora de cobrar por la publicidad). Así se escudan en que tienen una responsabilidad social al informar y sobre ese criterio altruista olvidan su rol de empresa: entonces el pasante es un gasto. He escuchado a periodistas de grandes medios decir que un pasante tarda un año en escribir de acuerdo a la línea editorial y eso les cuesta mucha plata. Se olvidan de que son una empresa y que en toda empresa para mantener los estándares de calidad -en este caso la calidad de la información y la posibilidad de generar noticias- hay que invertir tiempo y dinero en capacitación de los nuevos.
Es que las pasantías deberían ser simplemente pasantías y los periodistas estables deberían exigir criterios de selección de personal claros, para evitar el desagradable acomodo y para lograr condiciones laborales que dignifiquen este oficio/profesión desde el comienzo. Pero una característica del periodista es el egoísmo y ese "cielo prometido" es para pocos (puede ser más fácil ganarse la Lotería) y por eso se defiende recelosamente con uñas, dientes y hasta patadas.
Así, para el joven aspirante, hasta la mejor de las intenciones ("Hacete una notita y veo si te la puedo publicar...) se convierte en un arma de doble filo ("mmm, no sé si va a haber plata"). Si te formaste universitariamente se te clava en el corazón y te inunda una mezcla de impotencia, bronca y frustración que no tiene respuesta o para la que habría que revisar y reformular el por qué y para qué de la formación académica en periodismo. Es que el gusto por hacer algo no quita la necesidad de poder vivir de ello: el periodismo profesional no es un hobbie, es un trabajo a tiempo completo.
Esta nota es una versión ampliada y, creo yo, mejorada de una que publiqué hace unos meses en el grupo "Periodistas de Argentina" de la red social Facebook .
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